Un gran parecido: lo único de lo que una silueta no puede prescindir
Una silueta puede prescindir de color, de detalle, de textura — pero no puede prescindir del parecido. Si el contorno no reconoce a la persona, el retrato no funciona, por elegante que sea el papel o el soporte.
Sin margen para corregir
A diferencia de un dibujo, donde se puede borrar y volver a empezar, el recorte con tijeras es definitivo desde el primer corte. La precisión no viene de una técnica que se pueda enseñar en un fin de semana — viene de haber recortado miles de perfiles antes.
Observar antes de cortar
El verdadero trabajo ocurre antes de que las tijeras toquen el papel: unos segundos de observación del perfil real, memorizando la curva de la frente, la nariz, la barbilla. Solo entonces empieza el corte, a mano alzada y sin boceto.
Cada perfil me pide observar algo distinto: el ángulo de la frente, el puente de la nariz o el carácter de la barbilla. Son esas pequeñas decisiones las que convierten un contorno negro en una persona reconocible.
